Salud Ósea y Articular


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Un esqueleto puede hacernos pensar en enfermedad y muerte.  Con frecuencia simboliza peligro o veneno. Pero sus huesos están vivos y coleando, y una buena salud ósea comienza a nivel celular.


Su esqueleto está lleno de células, cada una con una función especial.  Las células de sus huesos crean todo, desde hueso nuevo hasta la sangre que se bombea a través de su corazón.  Sin embargo, nuestro principal enfoque aquí estará en los componentes estructurales de su anatomía ósea.                                     


Existen tres tipos de células: Osteoblastos, Osteocitos, Osteoclastos que ayudan a mantener la integridad de los huesos.  Sus nombres nos ofrecen información importante acerca de su función. Es importante entender cómo operan las células óseas.  Conocer la manera en la que funcionan sus huesos puede explicar cómo es que los frenillos enderezan los dientes y cómo es que sanan los huesos rotos.


Las células óseas se regeneran a un ritmo bastante excepcional.  Es un mito eso de que solo tenemos un esqueleto a lo largo de nuestra vida.  De hecho, nuestro esqueleto se reemplaza por completo entre cada 2 y cada 12 años, dependiendo de la edad.  Se regenera con mayor rapidez cuando uno es joven, y se desacelera con la edad.  Sin esta regeneración, los huesos debilitados por fracturas previas o por estrés mecánico constante jamás se repararían.  En lugar de eso, estas regiones crecen para mantenerse más fuertes que nunca.


Esta constante regeneración y sustitución debería darle esperanza.  Cada día es una nueva oportunidad de ayudar a su esqueleto. Así que nunca es demasiado tarde para desarrollar hábitos de prevención que protejan su salud ósea.


El buen funcionamiento de los órganos depende del buen funcionamiento de sus células. Las células viejas funcionan peor. Además, en algunos órganos, las células mueren y no son reemplazadas; por lo tanto, el número de células disminuye. El número de células en los testículos, los ovarios, el hígado y los riñones disminuye de forma notable con la edad. Cuando el número de células llega a ser demasiado bajo, el órgano no funciona con normalidad. Por ello, la mayor parte de los órganos funcionan peor con la edad. Sin embargo, no todos los órganos pierden el mismo número de células. El cerebro es un ejemplo. Las personas mayores sanas no pierden muchas neuronas.


El deterioro de la función de un órgano debido a una enfermedad o al propio envejecimiento puede afectar la función de otro órgano. Por ejemplo, si la ateroesclerosis estrecha los vasos sanguíneos de los riñones, estos funcionarán peor debido a la reducción del flujo sanguíneo.


A menudo, los primeros signos del envejecimiento afectan al sistema musculoesquelético. Los ojos, seguidos por los oídos, comienzan a cambiar al inicio de la edad adulta. La mayoría de las funciones internas también disminuyen con la edad. La mayor parte de las funciones corporales alcanzan su valor más alto poco antes de los 30 años, y a partir de ahí empieza un descenso gradual pero constante. A pesar de este descenso, la mayoría de las funciones siguen siendo correctas porque la mayor parte de los órganos tienen una capacidad funcional considerablemente superior a la requerida por el organismo (reserva funcional). Por ejemplo, si la mitad del hígado se destruye, el tejido restante es más que suficiente para mantener un funcionamiento normal. Por lo tanto, son las enfermedades, más que el envejecimiento normal, las que explican la pérdida de la capacidad funcional en edades avanzadas. 


Algunos órganos son más propensos a funcionar de forma inadecuada que otros; dichos órganos incluyen el corazón y los vasos sanguíneos, los órganos urinarios (tales como los riñones), y el cerebro.


Consulte regularmente a su médico, es un mensaje para la vida de BIOCELL ULTRAVITAL


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